Quizá uno de los mayores factores diferenciales entre la cultura generacional del grupo Y y las demás tenga que ver con su vivencia de las tecnologías y su capacidad de interacción con ellas. La generación Y es la primera en la historia que ha convivido siempre con las nuevas tecnologías de la información y que no entiende fácilmente el mundo sin ella. Internet, el mundo de las comunicaciones y de la informática forman parte de sus rutinas vitales, y condicionan sus hábitos de vida, comunicación y, por supuesto, trabajo.

Los jóvenes de esta generación son más individualistas que generaciones anteriores y reivindican la autonomía en sus opiniones y actuaciones, situando su ámbito personal por encima de consideraciones de orden laboral y social.

En este sentido, el Libro Blanco de la Juventud de la Unión Europea señala que 1 joven de cada 2 declara espontáneamente no pertenecer a ningún movimiento social ni ideológico, y en este sentido destaca que “este hecho no significa en ningún caso que los jóvenes se desinteresen de la vida pública. La mayoría de ellos se declara dispuesto a participar y a influir en las decisiones que tome la sociedad, pero según fórmulas de compromiso más individuales y concretas, fuera de las estructuras y los mecanismos participativos del pasado.”

Este deseo de autonomía se está reflejando en una tendencia al emprendedurismo, el montaje de empresas propias o a afinidad por tipos de trabajo en modalidad de autónomo en lugar de empleos como asalariados. Dicha tendencia se aprecia ya en muchos países europeos, quedando destacada en este mismo Libro Blanco.

El análisis comparativo de las generaciones X e Y arroja muchos puntos en común. Los jóvenes actuales han vivido su infancia en un contexto de bienestar social y económico, y mantienen una prolongada etapa de dependencia de la familia.

El Libro Blanco reporta que el 20% de los jóvenes que trabajan dicen recibir la mayor parte de sus recursos financieros de sus padres. Cuando se pregunta a los jóvenes por qué permanecen más tiempo que antes en casa de sus padres, cerca del 70% aducen una razón material: no tendrían medios para instalarse por su cuenta. Entre 1997 y 2001, aumentó la importancia de los padres como fuente de ingresos, a veces de forma apreciable, en todos los países de la Unión Europea salvo Irlanda y Finlandia (Libro Blanco de la Juventud, 2001).

Sobre la base de esta infraestructura familiar, los Y disponen de un poder de consumo importante, y no escapan a las sucesivas modas tecnológicas que inundan el mercado, como los móviles cada vez más sofisticados o los IPod más modernos. Son muy sensibles a las opiniones de sus pares, lo que ha dado lugar a la creciente aparición de modalidades pedagógicas en formativas basadas en el modelo de ‘educación por iguales’.

¿Qué esperan los jóvenes del trabajo? Según Dytchwald et al (2006) sus expectativas son las siguientes:

• Responsabilidad individual, libertad para tomar decisiones

• Entorno de trabajo agradable, que fomente las relaciones sociales

• Oportunidades de aprendizaje y crecimiento

• Colaboración y toma conjunta de decisiones

• Feedback continuo y revisiones de su rendimiento

• Comunicación abierta y gestores cercanos y accesibles

• Respeto de los más mayores a su estilo de vida y trabajo

• Retribución por resultados

• Flexibilidad temporal y espacial

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