Las personas se elevan hasta nuestro nivel de expectativas. Tratan de darnos lo que recompensamos.

Si quiere, que su personal produzca, tiene que recompensar la producción.

El fundador de IBM, Thomas J. Watson, padre, era famoso por llevar consigo una chequera cuando caminaba por las plantas y las oficinas. Dondequiera que veía a alguien efectuando una tarea excepcional, le giraba un cheque. Las sumas eran muy pequeñas, pero el impacto de esta acción era extraordinario. En muchos casos las personas nunca hacían efectivo el cheque. Algunos lo enmarcaban y colocaban en las paredes de su casa.

Hasta el individuo más diligente y trabajador se desmoralizará finalmente si la producción es más desalentadora que satisfactoria.

Les transcribo una historia infantil, de mucha vigencia en nuestro país, nuestras empresas, en el club y en nuestros hogares.

La gallinita roja               

Erase una vez en que había una gallinita roja que escarbaba en el corral hasta que descubrió algunos granos de trigo.

Llamó a sus vecinos y les dijo:

–          Si plantamos este trigo –les dijo-, tendremos pan para comer. ¿Quién me ayudará a plantarlo?

–          Yo no – dijo la vaca.

–          Yo no – dijo el pato.

–          Yo no- dijo el cerdo.

–          Yo no – dijo el ganso.

–          Entonces yo lo haré – dijo la gallinita roja.

Y lo hizo.

El trigo creció alto y maduró en grano dorado.

-¿Quién me ayudará a recoger mi trigo? – Preguntó la gallinita roja.

–          Yo no – dijo el pato.

–          Eso está fuera de mi clasificación –dijo el cerdo.

–          Perdería mi antigüedad – dijo la vaca.

–          Perdería mi compensación por desempleo – dijo el ganso.

–          Entonces yo lo haré –dijo la gallinita roja.

Y lo hizo.

Llegó el momento de hornear el pan.

–          ¿Quién me ayudará a hornear el pan? –preguntó la gallinita roja.

–          Eso sería trabajo de sobretiempo para mí – dijo la vaca.

–          Perdería los beneficios de bienestar social –dijo el pato.

–          Si voy a ser el único ayudante, sería discriminación –dijo el ganso.

–          Entonces yo lo haré –dijo la gallinita roja.

Ella horneó cinco panes y los sostuvo en alto para que sus vecinos los vieran. Todos querían pan. De hecho, exigieron que les diera.

–          No –dijo la gallinita roja-. Yo puedo comerme los cinco panes.

–          ¡Exceso de utilidades! –gritó la vaca.

–          ¡Sanguijuela capitalista!  -voceó el pato.

–          ¡Demando derechos de igualdad! –gritó el ganso.

El cerdo sólo gruñía. Entonces los demás rápidamente pintaron letreros y marcharon por los alrededores gritando obscenidades.

Llegó un agente del gobierno y dijo a la gallinita roja:

–          No debes ser tan glotona.

–          Pero yo me gané el pan –dijo la gallinita roja.

–          Exacto –manifestó el agente-, estas son las maravillas del sistema de libre empresa. Todos en este corral pueden ganar tanto como quieran. Sin embargo, bajo las regulaciones gubernamentales, los trabajadores que producen deben dividir su producto con los haraganes.

Después de eso todos vivieron felices. Pero los vecinos de la gallinita roja se preguntaban por qué ella nunca volvió a hacer panes.

Las líderes debemos asegurarnos de que nuestra gente no se sienta como la gallinita roja. No debemos ser como el agente del gobierno. Debemos brindar reconocimientos positivos y ánimo a los productores, y debemos ser cuidadosos de no recompensar a los haraganes.

Eche una mirada a su organización. ¿Qué está recompensando?

 Extraído de la revista Success Unlimited (éxito ilimitado)

Gustavo F. Cabeza

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